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Lo mejor está por llegar

Lo mejor está por llegar

Discurso de despedida de Donald J. Trump, desde la Casa Blanca, como 45 presidente de la Corporación de los Estados Unidos de América.

(19 de Enero de 2021)

«Compatriotas estadounidenses, hace cuatro años lanzamos una gran campaña para reconstruir nuestro país, renovar su espíritu y restaurar la lealtad de este gobierno a sus ciudadanos. En resumen, nos embarcamos en una misión para hacer que EEUU vuelva a ser grande para todos.

Al concluir mi mandato como el 45 presidente de los Estados Unidos, me presento ante ustedes orgulloso de lo que hemos logrado juntos.

Hicimos lo que vinimos a hacer aquí y mucho más.

Esta semana inauguramos una nueva administración y oramos por su éxito en mantener a EEUU seguro y próspero. Extendemos nuestros mejores deseos y también queremos que tengan suerte, una palabra importante.

Me gustaría agradecer ahora a algunas de las increíbles personas que hicieron posible nuestro extraordinario viaje. Permítanme expresar primero mi inmensa gratitud por su amor y apoyo a nuestra espectacular Primera Dama, Melania. Mi agradecimiento también a mi hija Ivanka, a mi yerno Jared, a Barron, Don, Eric, Tiffany y Lara, ustedes llenan mi mundo de luz y de alegría.

También quiero agradecer al vicepresidente Mike Pence, a su maravillosa esposa Karen, y a toda su familia. Gracias a mi jefe de personal, Marks Meadows, los demás miembros del personal de la Casa Blanca, al gabinete y a todas las increíbles personas de esta administración que entregaron su corazón y su alma para luchar por los EEUU de América.

Quiero tomarme un momento para agradecer a un grupo de personas verdaderamente excepcional, el servicio secreto de los Estados Unidos. Mi familia y yo estaremos siempre en deuda con vosotros. Mi profunda gratitud también a todos en la oficina militar de la Casa Blanca, los equipos de Marine One y Air Force One, cada uno de los miembros de las Fuerzas Armadas y de las fuerzas del Orden Público estatales y locales en todo nuestro país. Y, sobre todo, quiero agradecer al pueblo estadounidense.

Ser su presidente ha sido un honor indescriptible. Gracias por este extraordinario privilegio.

Nunca debemos olvidar que, si bien los estadounidenses siempre tendremos desacuerdos, somos una nación de ciudadanos fieles y amantes de la paz, que quieren que nuestro país prospere, florezca y sea muy, muy exitoso.

Somos una nación verdaderamente magnífica.

Todos los estadounidenses estaban horrorizados por el asalto al Capitolio. La violencia política es un ataque a todo lo que valoramos. Nunca podrá ser tolerada. Ahora más que nunca debemos unirnos en torno a nuestros valores compartidos y elevarnos por encima del rencor partidista para forjar un destino común.

Hace cuatro años, llegué a Washington como el único forastero que ha ganado la presidencia. No había pasado mi carrera como un político, sino como un constructor con amplias miras e imaginando infinitas posibilidades. Fui candidato para ser presidente porque sabía que había nuevas cumbres imponentes para EEUU esperando a ser escaladas. Sabía que el potencial de nuestra nación es ilimitado. Siempre y cuando pongamos a América primero. Dejé atrás mi vida anterior y entré en una arena muy difícil. Pero, sin embargo, una arena con todo tipo de potencial si se hace correctamente. EEUU me había dado tanto, mucho, y quería devolver algo.

Junto con millones de trabajadores patriotas en esta tierra construimos el mayor movimiento político en la historia de nuestro país.

También construimos la mayor economía en la historia del mundo.

Se trataba de América primero.

Porque todos nosotros queríamos hacer América grande de nuevo.

Restauramos el principio de que una nación existe para servir a sus ciudadanos.

Nuestra agenda no trataba de izquierda o derecha, de republicanos o demócratas, sino del bien de una nación. Y eso significa toda la nación. Con el apoyo y las oraciones de todo el pueblo logramos más de lo que nadie había imaginado, ni siquiera pensó que podríamos acercarnos.

Aprobamos el paquete más grande de recortes de impuestos y de reformas en la historia de los EEUU. Redujimos más regulaciones que eliminan el empleo que cualquier otra administración había hecho antes. Arreglamos nuestros acuerdos comerciales rotos. Nos retiramos de la horrible asociación transpacífico y del imposible pacto climático de París. Renegociamos el acuerdo unilateral con Corea del Sur y reemplazamos el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) por el innovador USMCA con México y Canadá. Este trato funcionó muy, muy bien. Además, y lo que es más importante, impusimos aranceles históricos y monumentales a China. Hicimos un gran tratado nuevo con China, pero antes de que la tinta estuviera seca, nosotros y el mundo entero fuimos afectados por el virus chino. Nuestra relación comercial estaba cambiando rápidamente.

Miles de millones de dólares estaban llegando a EEUU, pero el virus chino nos obligó, y a todo el mundo, a ir en una dirección contraria.

El mundo entero ha sufrido, pero EEUU ha superado a otros países gracias a la fortaleza de su economía y a los cimientos que habíamos construido. Sin esos cimientos no tendríamos algunos de los mejores números que hemos conseguido. También desbloqueamos nuestros recursos energéticos y nos convertimos en el primer productor mundial de petróleo y gas natural. Impulsados por estas políticas, construimos la mayor economía en la historia del mundo y reavivamos la mayor creación de empleo, logrando un nivel bajo de desempleo récord entre la población hispanoamericana, afroamericana, asiáticoamericana, mujeres. Casi para todos. Los ingresos se dispararon, los salarios aumentaron. El sueño americano fue restaurado y millones de personas salieron de la pobreza en unos pocos años. Fue un milagro que el mercado de valores estableciera un récord detrás de otro. Hasta 148 máximos de récord en un corto periodo de tiempo. Impulsamos las jubilaciones y pensiones de los trabajadores en toda la nación. 401 mil están en un nivel que nunca antes habían estado.

Nunca hemos visto números como los que hemos visto. Y eso es antes de la pandemia y después de la pandemia.

Reconstruimos la base de fabricación americana. Hemos abierto miles de nuevas fábricas. Y hemos recuperado la hermosa frase: fabricado en USA. Para mejorar la vida de las familias trabajadoras, duplicamos el crédito tributario por hijos y firmamos la mayor expansión de financiación para el cuidado y el desarrollo infantil. Nos unimos con el sector privado para asegurar compromisos de capacitar a más de 16 millones de trabajadores estadounidenses para los trabajos del mañana.

Cuando nuestra nación fue golpeada por la terrible pandemia, produjimos no una, sino dos vacunas, con una velocidad récord, y más le seguirán rápidamente. Dijeron que no se podía hacer. Pero, lo hicimos. LO llamaron milagro médico. Y es un milagro. Mientras otra administración habría tardado de cinco a diez años en elaborar una vacuna, nosotros lo hicimos en nueve meses. Lloramos cada pérdida, y prometemos en su memoria acabar con esta horrible pandemia.

Cuando el virus pasó factura brutal a la economía mundial, logramos la recuperación económica más rápida que nuestro país haya visto. Invertimos casi 4 billones de dólares en ayuda económica que salvaron más de 50 millones de puestos de trabajo, reduciendo drásticamente la tasa de desempleo. Estos son números que nuestro país nunca había visto antes. Creamos opciones y transparencia en la atención médica. Nos enfrentamos a las grandes farmacéuticas, de muchas maneras, pero, especialmente, en un esfuerzo por conseguir cláusulas favorables para obtener medicamentos recetados a precios tan baratos como los que ofrecen a cualquier otro país en el mundo. Aprobamos el derecho a probar nuevas medicinas.

Procedimos a una reforma histórica de la justicia penal. Confirmamos tres nuevos magistrados en la Corte Suprema y designamos a 300 jueces federales, para interpretar nuestra constitución como está escrita durante siglos.

Respondimos a la súplica del pueblo estadounidense respecto a la necesidad de contar con fronteras seguras. Y construimos la frontera más segura en la historia de nuestro pueblo que hemos ofrecido a nuestros valientes agentes fronterizos, juntos con los mejores y mayores herramientas. Con orgullo dejamos a la próxima administración la más robusta seguridad fronteriza, nunca antes implementada. Esto incluye acuerdos históricoscon México, Guatemala, Honduras y El Salvador, así como más de 450 nuevas millas de poderoso muro.

Restauramos la fortaleza en casa y el liderazgo en el exterior. POr favor, no pierdan ese respeto.

Reclamamos nuestra soberanía al defender a USA en las Naciones Unidas y retirándonos de acuerdos globales unilaterales que nunca sirvieron a nuestros intereses. Los países de la OTAN ahora están pagando cientos de millones de dólares más que cuando llegué hace cuatro años. Era muy injusto que pagáramos por el mundo. Ahora el mundo nos está ayudando.

Y, lo más importante, con casi 3 billones de dólares hemos reconstruido el ejército de los EEUU, con todo hecho en los EEUU. Lanzamos la primera nueva rama de las fuerzas armadas estadounidenses en 75 años: la fuerza espacial. La primavera pasada, los astronautas estadounidenses volvían al espacio con cohetes «made in USA» por primera vez en muchos, muchos años.

Revitalizamos nuestras alianzas y nos unimos con otros países del mundo para hacer frente a China como nunca antes. Borramos el califato de ISis y acabamos con la miserable vida de su fundador. Nos enfrentamos al opresivo régimen iraní y matamos al principal terrorista del mundo, el carnicero iraní, Qasen Soleimani. Reconocimos a Jerusalén como la capital de Israel y la soberanía israelí en los Altos del Golán. Como resultado de la audacia de nuestra diplomacia y realismo, basado en principios, logramos acuerdos de paz históricos en el Medio Oriente. Los acuerdos de Abrahán abrieron las puertas a un futuro de paz, armonía, no violencia y no derramamiento de sangre. Nadie creía que pudiera suceder. Es el amanecer de un nuevo Medio Oriente.

Y estamos trayendo de vuelta a casa a nuestros soldados.

Me siento especialmente orgulloso de ser el primer presidente en décadas que no ha iniciado nuevas guerras.

Sobre todo, de haber reafirmado una idea sagrada: en Estados Unidos el gobierno responde al pueblo.

Nuestra luz guía, nuestra estrella del norte, nuestra firme convicción ha sido que estamos aquí para servir a los nobles ciudadanos de América.

Nuestra lealtad no está con las corporaciones y sus intereses especiales o entidades globales.

Nuestra lealtad es para nuestros hijos, nuestros ciudadanos y nuestra propia nación.

Como presidente, mi máxima prioridad y preocupación constante fue el mejor interés para los trabajadores estadounidenses y sus familias.

No busqué el camino más fácil. De lejos, en realidad, fue el más difícil. NO busqué el camino que recibiría la menor crítica. Asumí las batallas más duras, las peleas más duras, las decisiones más difíciles, porque ustedes me eligieron para hacer eso. Sus necesidades fueron mi primer y último enfoque inquebrantable. Este será nuestro mayor legado.

Juntos volvimos a poner al pueblo estadounidense a cargo de nuestro país. Restauramos el autogobierno.

Restauramos la idea de que en USA nadie es olvidado. Porque todos importan y todos tienen voz.

Luchamos por el principio de que todo ciudadano tiene derecho a igual dignidad, igual trato e iguales derechos. Porque todos fuimos hechos iguales por Dios.

Todos tienen derecho a ser tratados con respeto, a que se escuche su voz y a que su gobierno les escuche.

Ustedes son leales a su país y mi administración siempre fue leal a ustedes.

Trabajamos para construir un país donde cada ciudadano pudiera encontrar un buen empleo para sostener a su hermosa familia. Luchamos por comunidades donde todos los estadounidenses puedan sentirse y estar seguros y por escuelas donde todos los niños puedan aprender. Promovimos una cultura en la que se respeta nuestras leyes, se honra a nuestros héroes, se preserva nuestra historia.

Los ciudadanos estadounidenses pueden sentirse muy satisfechos por todo lo que hemos conseguido. Es algo increíble.

Ahora, al salir de la Casa Blanca, he estado reflexionando sobre los peligros que amenazan la invaluable herencia que todos compartimos. Como la nación más poderosa del mundo, EEUU enfrenta constantes amenazas y desafíos del exterior. Pero, el mayor peligro al que nos enfrentamos es a la pérdida de confianza en nosotros mismos, una pérdida de confianza en nuestra grandeza nacional.

Una nación es tan fuerte como su espíritu.

Somos tan dinámicos como nuestro orgullo. Somos tan vibrantes como la fe que late en los corazones de nuestra gente.

Si nuestra nación pierde la fe en si misma, en su historia y en sus héroes, en nuestros valores, no podrá prosperar por mucho tiempo. Porque esas son las fuentes mismas de nuestra vitalidad y nuestra unidad. Lo que siempre ha permitido a Estados Unidos prevalecer y triunfar sobre los grandes desafíos del pasado ha sido una convicción inquebrantable y sincera en la nobleza de nuestro país y su propósito único en la historia. No debemos perder esa convicción.

Nunca debemos abandonar nuestra fe en nosotros mismos. La clave de la grandeza nacional radica en mantener e inculcar nuestra identidad compartida. ESo significa centrarse en lo que tenemos en común, la herencia que todos compartimos. En el centro de esa herencia también se encuentra una firme creencia en la libertad de expresión y en el debate abierto.

Sólo si olvidamos quiénes somos y cómo llegamos hasta aquí podríamos permitir que se lleve a cabo la censura política y las listas negras en EEUU. Es totalmente impensable.

Cerrar el debate libre y abierto viola nuestros valores fundamentales y las tradiciones más duraderas. En EEUU no insistimos en la conformidad absoluta ni aplicamos ortodoxias rígidas o códigos de habla punitivos. Simplemente, no hacemos eso. USA no es una nación tímida de almas dóciles que necesitan refugio y protección de aquellos con quienes no estamos de acuerdo. Eso no es lo que somos. Nunca lo hemos sido. Nunca seremos eso.

Durante casi 250 años, frente a todos los desafíos, los estadounidenses siempre hemos reunido nuestro inigualable valor, confianza y feroz independencia. Esos son los rasgos milagrosos que una vez llevaron a millones de ciudadanos comunes a cruzar un continente salvaje y labrarse una nueva vida en el gran oeste. Fue el mismo amor profundo por nuestra libertad, otorgada por Dios, lo que llevó a nuestros soldados a la batalla y a nuestros astronautas al espacio.

Cuando pienso en los últimos cuatro años, una imagen se eleva en mi mente, por encima de todas las demás. Siempre que viajaba por la carretera con la caravana presidencial había miles y miles de personas. Salían con sus familias para poder ponerse de pie cuando pasábamos y ondear con orgullo nuestra gran bandera. Nunca dejó de conmoverme profundamente. Sabía que venían a mostrarme a mí su apoyo y amor por nuestro país. Esta es una república de ciudadanos orgullosos que están unidos por nuestra convicción común de que EEUU es la nación más grande de toda la historia.

Somos y debemos ser siempre una tierra de esperanza, de luz y de gloria para todo el mundo. Esta es la preciosa herencia que debemos salvaguardar en todo momento.

Durante los últimos cuatro años, he trabajado para ser precisamente eso. Desde un gran salón de líderes musulmanes en Riad hasta una gran plaza de polacos en Varsovia; desde el piso de la asamblea de Corea al podio de la Asamblea general de las Naciones Unidas, y desde la ciudad prohibida de Beiging hasta la sombra del monte …..

Luché por ti, luché por tu familia, luché por nuestro país. Sobre todo, luché por EEUU y todo lo que representa. Y eso es seguridad, fortaleza, orgullo y libertad.

Ahora, mientras me preparo para transferir el poder a una nueva administración, el miércoles a medio día, quiero que sepan que el movimiento que empezamos apenas está comenzando. Nunca ha habido nada parecido. La creencia de que una nación debe servir a sus ciudadanos no disminuirá, sino que se fortalecerá día a día.

Mientras el pueblo norteamericano mantenga en su corazón un amor profundo y devoto por el país, entonces, no hay nada que esta nación no pueda lograr.

Nuestras comunidades florecerán. Nuestra gente prosperará. Nuestras tradiciones serán apreciadas. Nuestra fe será fuerte. Y nuestro futuro será más brillante que nunca.

Salgo de este majestuoso lugar con un corazón leal y alegre. Y un espíritu optimista.

Y una confianza suprema en que para nuestro país y para nuestros niños lo mejor está por llegar.

Gracias. Dios los bendiga. Y Dios bendiga a los Estados Unidos de América».

Agradecemos la traducción oral al canal Divulgación Total, de Fernando e Ileana:

https://www.youtube.com/watch?v=vz5nVzn8WYM&t=228s&ab_channel=DivulgacionTotal

Agradecemos la traducción escrita al canal Jota DBS:

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