De Abrucena (Almería) a El Monasterio (Asturias);  del Cabo de Gata a la playa de Merón; del Mediterráeo al Cantábrico, con paradas previas en Rodalquilar y Cabo de Gata, y a la orilla del río Eresma (en Espacio Universos, provincia de Valladolid)

 Buenos días, almas viajeras.  Comparto hoy otro relato de mis viajes por sorpresa.

Hay cosas que desde tu Ser sabes que tienes que hacer. Sin duda. Y cuanto antes, mejor. Me ocurre cada vez con más frecuencia. De hecho, los proyectos que antes siempre aparcaba para más tarde, porque nunca era el momento, ahora, procuro llevarlos a cabo lo antes posible. Como si no hubiera un mañana. De hecho, no lo hay.

Me pasó este verano, cuando me embarqué en el viaje por sorpresa con destino a Asturias, junto a mis compis soberanas (ya sabéis, por lo de Soberanía y Salud). Y me ha ocurrido en octubre cuando, de nuevo, me embarqué en otro viaje por sorpresa,  otra vez con destino a Asturias, junto a mis maestras, La Mamma y Patri (Corazón en Barro).

He conocido el vergel asturiano después de 30 años de posponer un viaje que nunca llegaba. Y en este sorprendente 2022  he visitado Asturias dos veces.  En las dos ocasiones, al pisar y contemplar aquel paraíso, mi alma sintió la atracción,  el calor de la acogida, el abrazo de sus bosques y la hospitalidad de sus gentes. Sus verdes prados y sus cristalinas aguas me hicieron sentir en casa. La sensación era de ¡Por fin! Ya estoy aquí. Ha sido largo el camino.

Sinceramente, me instalaría allí no sé cuanto tiempo, cobijada en un refugio de montaña de los que he visto en Covadonga, entre el cielo y los lagos; entre los Picos y el Cantábrico.  No voy a afirmar que me quedaría para siempre, porque soy demasiado veleta. Para mi espíritu aventurero no existe el siempre. Porque siempre estoy abierta al cambio, a emprender un nuevo vuelo. Siempre surgirá el momento preciso para iniciar un camino desconocido. O para recordar otros senderos que permanecen ocultos, dormidos, agazapados en nuestros registros akásicos. Y también habrá que explorarlos. No se pueden dejar pasar oportunidades. Para eso venimos a este Edén. Para experimentar todo lo posible. Para disfrutar la Vida. 

 Rodalquilar

Hablando de experiencias en este viaje, os cuento. Inicié la aventura en dirección contraria. Desde Córdoba, bajé al Sur, a Almería, donde me reencontré con mi hijo mayor y su familia.  Después, continué hacia el Sur-Este, dirección Cabo de Gata-Rodalquilar. Si no conocéis aquel oasis, os aconsejo que lo hagáis.  Está demostrado (científicamente para los que gustan de la nueva religión) que aquel vórtice energético es uno de los más potentes de la península. Se siente nada más poner un pie sobre su tierra desértica o sobre sus cristalinas aguas marinas.

Rodalquilar es una pedanía dependiente de Níjar donde se crió Carmen de Burgos. Conocida en su época con el pseudónimo de Colombine, la almeriense Carmen de Burgos fue periodista, escritora, traductora y activista de los derechos de la mujer. Se la considera la primera mujer periodista profesional en lengua castellana y la primera corresponsal de guerra española. Entre sus novelas más populares se cita Puñal de claveles, basada en el suceso conocido como el «crimen de Níjar», que tuvo lugar el 22 de julio de 1928 en el Cortijo del Fraile, y que inspiró también a Federico García Lorca para escribir  Bodas de Sangre.  

Precisamente, siguiendo la estela vital de Carmen de Burgos, y de la mano de otra periodista y escritora almeriense, Mar de los Ríos, en 2012 conocí por primera vez  Rodalquilar y  sus alrededores, entre ellos, las ruinas del cortijo del Fraile y del cortijo La Unión. Este último fue propiedad del padre de la periodista y el lugar que siempre consideró como su paraíso infantil.  Aquel viaje también fue una experiencia única, compartida con mis queridas Flores del Desierto en aquella web que tantas alegrías nos aportó.

 Pero, este octubre de 2022, (una década después), tocaba volver a Rodalquilar y al paraíso de Carmen de Burgos junto a una de las Flores del Desierto más genuinas, Blanca, su inseparable Salus, y sus gatas. Desde su apartamento, disfrutamos de unas vistas magníficas de las antiguas minas y de las montañas por las que se sube al cortijo inmortalizado literariamente. Incluso alcanzábamos a contemplar la Torre de los Alumbres,  el Playazo y el Castillo de San Ramón, un antiguo bastión construido en el siglo XVIII, que forma parte de una batería de cuatro cañones que defendían el litoral desde el Cerrico Romero hasta la Cala de San Pedro.

El castillo está construido sobre una preciosa duna fosilizada que tiene unas vistas excelentes del playazo y de los acantilados de La Molata. Las rocas se adentran en el mar, como lenguas de piedra, formando un embarcadero natural llamado Los Caletones, que ha sido utilizado a lo largo del tiempo para cargar alumbre, oro y plata de la minería de Rodalquilar.

Al otro lado del castillo, resguardada por el cerro del Romeral,  visitamos la tarde del 12 de octubre, fiesta nacional, la preciosa cala Bergantín, una de las cuatro reservas integrales de la costa de Cabo de Gata. A la mañana siguiente, dejábamos atrás el mirador de la Amatista, la Isleta del Moro, Los Escullos, San José, Los Genoveses, Mónsul y Punta Negra, entre tantas playas de ensueño de aquella costa mágica. Sería el turno de cargarse de la energía que mana del Arrecife de las Sirenas y de la calma de la cala junto a La Fabriquilla. A nuestro paso por la Almadraba de Monteleva, como es frecuente, rodaban una película en el viejo poblado de las Salinas, aprovechando el buen estado de su añeja infraestructura y un mar cristalino de horizonte infinito donde navegan tantos sueños. 

https://www.degata.com/

Abrucena

Aquella misma tarde, aterricé en Abrucena, un pueblo blanco situado en la falda norte de Sierra Nevada, en la comarca de Los Filabres-Tabernas, puerta de entrada al parque natural. Las vistas panorámicas desde sus muchos miradores, situados a casi mil metros sobre el nivel del mar, son impresionantes. En un rápido paseo por sus intrincadas calles, pude avistar Abla, Fiñana, el Valle del río Nacimiento y parte de las sierras de Baza y de los Filabres. 

 

Abrucena es un lugar histórico, que tuvo asentamientos desde el neolítico y por el que han pasado casi todos los pueblos que han poblado la península. Merece la alegría visitarlo y, sobre todo, hacer algunas de las muchas rutas de senderismo que ofrece el mágico entorno. Es una tarea pendiente para la próxima primavera, cuando aún las cumbres nevadas luzcan su blanco radiante.

 

He encontrado esta descripción en una página web de senderistas que me ha gustado mucho, porque es la versión que también me han transmitido las autóctonas que conozco.

Hablar de Abrucena es hablar de paisajes con historia y esfuerzo humano por subsistir en un lugar tan agreste y hermoso como es la Sierra Nevada Almeriense. Desde el principio de los tiempos sus habitantes han trabajado en la sierra construyendo bancales donde poder desarrollar una agricultura totalmente de subsistencia…… donde encontramos densos olivares y feraces huertas regadas gracias a una antigua acequia alimentada por las aguas del deshielo”.

https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/abrucena-la-jairola-rio-nacimiento-haza-mocha-el-castillejopr-a-303-12156047

En Abrucena me esperaba otra familia, la que he decidido adoptar como maestra en mi proceso de regreso al campo. Antonio, Josefa y Patricia son sabios. Y yo necesito de su conocimiento para recordar. El curso empezó aquella misma noche, en su extraordinaria casa, que alberga una de las despensas más abundantes que he visto en mucho tiempo, repleta de productos cultivados en su huerta y en sus olivares. Durante la cena pude degustar algunos de ellos. El premio fue para la sobrasada vegana, con una base de tomate seco, que elabora la Mamma con receta propia.

A la mañana siguiente, Antonio se quedó ejerciendo el papel que más le gusta:  guardián de la casa y las tierras, mientras las tres chicas emprendimos la ruta que nos llevaría a otra maestra de vida, Inma, instalada en la otra esquina del mapa de España, en Asturias, junto al mar Cantábrico, desde donde reclamaba nuestra presencia desde tiempo atrás con impaciencia. 

El viaje fue muy entretenido, como las excursiones de colegio, entre cantos, risas, confidencias y muchas reflexiones para pensar en los momentos de recogimiento. Tres generaciones aprendiendo todas de todas. Una selección musical muy especial nos acompañó durante todo el camino.  

Hicimos parada nocturna en Espacio Universos, en la provincia de Valladolid, junto a Hornillos de Eresma, donde de nuevo nos acogió Raúl con su calidez humana. Aunque la estancia fue corta, nos permitió disfrutar de un paseo a orillas del río y ver el destrozo y el milagro que, a la par, se habían producido en el lugar en septiembre a causa de un incendio fortuito. El fuego quemó algunos árboles e infraestructuras de riesgo. Pero, poca cosa. Se salvaron, como por arte de unos círculos mágicos que las protegieron, la pagoda, la pirámide y otras  instalaciones básicas. Agradecimos al Universo esa intervención que sólo desde una perspectiva espiritual y trascendente puede entenderse. Y nos despedimos como siempre, sabiendo que volveremos.

El Monasterio

Finalmente, según lo previsto, el viernes, 14 de octubre, para la hora del almuerzo, llegamos a El Monasterio, una aldea de la parroquia de Careñes en el concejo de Villaviciosa. El reencuentro entre hermagas fue memorable. Y los astros se confabularon para que así fuera. Una lluvia tenue nos acompañó algún día, de buena mañana y, sobre todo, algunas noches. Contrastaba su calmado tintineo sobre el tejado de la cuadra donde nos alojábamos con el bronco rugir del mar cercano al chocar contra la playa de Merón. El sol quiso también estar presente la mayoría de las jornadas, aportando bastante calor para la época. La temperatura siempre fue cálida, como los lugares que visitamos y las almas que han salido a nuestro encuentro. Disfrutamos del huerto y de los Picos de Europa, de los lagos de Covadonga y de la basílica; de la ruta del Cares y de las ricas viandas saboreadas en los menús asturianos típicos, de largas sobremesas, de paseos por la montaña y de salidas al prado, de amaneceres increíbles y atardeceres entre bufones de agua marina, en Pría, y desde la atalaya de Santolaya. No faltaron los debates, las risas, la música y los bailes. Conocimos a Sara, a Esther, a Rosa y a Luis; a sus vecinos y amigos; a Tino y a su familia. Recogimos macrolepiotas gigantes, y algunos llampares, aunque el mar estaba bravo aquel día. Y yo me alegré por ello. En el mercado junero de Panes hicimos trueque y aprendimos algo de astrología y terapias nativas. 

Durante aquella semana, realmente, vivimos en otro mundo, o en otra dimensión, en esa nueva Tierra de la que tanto hablan, intercambiando con miembros de la Nueva Humanidad que se está gestando sabores y saberes, dones y talentos, ideas, valores, emociones, sentimientos, sueños y proyectos.  Lo hicimos posible. Quisimos y pudimos. Es el ejemplo de que está en tu mano, o en tu corazón, más bien, crear la vida que quieres para ti.  La tuya. No la de nadie. Cada quien que se ocupe de si mismo. Suficiente tarea es ya. Tuvimos que recorrer España desde el cabo de Gata a la playa de Merón, de punta a punta, desde el Mediterráneo hasta el Cantábrico. Como unos meses antes hizo Inma. En aquella ocasión sola y sin referentes. Sólo respondiendo a la llamada interior que la guiaba y la guía en ese proceso de crecimiento y enriquecimiento personal que tanto nos está enseñando a todas. Y, siguiendo las miguitas de pan que ella dejó por el camino,  allí estábamos nosotras, el sábado, 15 de octubre de 2022, sembrando en la fértil tierra asturiana frutos criados al pie de Sierra Nevada, como símbolo del reencuentro de viejas almas largo tiempo separadas que tuvo su merecida celebración.

Gracias a quienes habéis contribuido a este feliz encuentro, especialmente a la Mamma, Patri, Inma, Sara, Esther, Luis y Rosa. Besos y almabrazos. Os dejo más fotos. Espero que os gusten. Hasta muy pronto. 

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