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En 1952, el médico alemán Wo Shuman planteó la idea de que había ondas electromagnéticas medibles en la atmósfera que existían en la cavidad entre la superficie de la Tierra y la ionosfera.

Según la NASA, la ionosfera es una capa abundante de electrones, átomos ionizados, y moléculas que se extiende desde 30 millas sobre la superficie de la Tierra hasta el borde del espacio, a unas 600 millas. Esa región dinámica crece y se encoge, y se subdivide,  según las condiciones solares. Es un eslabón crítico en la cadena de interacciones Sol-Tierra.

«Esa central eléctrica celestial es la que hace posible las transmisiones por radio«

En 1954, Schuman y HL. Coning confirmaron esta hipótesis al detectar resonancias a una frecuencia principal de 7.83 herzios. En consecuencia, la resonancia Schumann fue establecida midiendo las resonancias globales generadas y excitadas por descargas de rayos en la ionosfera.

El latido del corazón de la Tierra

La resonancia Schumann ejerce de diapasón, como afinador de por vida. Actúa como una frecuencia de fondo que influye en los circuitos  biológicos del cerebro de los mamíferos.

El campo electromagnético de la Tierra ha estado protegiendo a todos los seres vivos con esa pulsación de frecuencia natural de 7.83 herzios.  Es, como si dijéramos, el latido del corazón de la Tierra.

Antiguos pueblos indígenas se referían a este latido como “OM”, la encarnación del sonido puro.

También resulta ser una frecuencia muy poderosa que se usa con el arrastre de ondas cerebrales, ya que está asociada con niveles bajos de alfa y el rango superior de estados de ondas cerebrales beta.

Igualmente, la frecuencia Schumann está relacionada con altos niveles de meditación, hipnotizabilidad, sugestión, y la hormona del crecimiento humano, además de con niveles de riego sanguíneo cerebral aumentado.

Según todo ello, podemos deducir que nuestro sistema nervioso puede ser influenciado por el campo electromagnético de la Tierra.  Quizá por eso estar en la naturaleza siempre ha sido tan reconstituyente y curativo.  Desconectarse de un entorno urbano, las prisas, el estrés, el trabajo, la contaminación, la multitud, y la vida cotidiana, y salir a un entorno natural, puede conllevar una relajación, ralentizar nuestras ondas cerebrales de los estados agresivos, vigilantes e impacientes, que se ven en rangos de ondas cerebrales beta a ondas cerebrales alfa,  más restauradoras.

El despertar de la conciencia

El 31 enero de 2017, por primera vez en la historia registrada, la R.S. alcanzó valores de más de 36 herzios. En 2014, se había considerado una anomalía cuando el nivel pasó de su habitual 7.83 h. a unos rangos entre 15-25 herzios. Así que una subida de hasta 36 herzios suponía un salto de más de 5 veces lo habitual en los niveles de frecuencia. En 2020, ha llegado a superar los 40 herzios.

Según la neurociencia, los registros de frecuencia superiores a 36 herzios en el cerebro humano están asociados a un sistema nervioso estresado. Lo contrario de uno relajado y saludable. Pero ….. ¿y si existiera otro estado más allá relacionado con un despertar de la conciencia?

Durante mucho tiempo, se sospechó que la conciencia humana puede impactar el campo magnético de la Tierra y crear perturbaciones en ella. Y viceversa. Particularmente, durante momentos de gran ansiedad, tensión y pasión. Las frecuencias de uno y otro afectan al estado de salud de ambos.

Si no estás consciente de que vivimos en una época de gran ansiedad, tensión y pasión, probablemente no seas consciente. Además de los entornos políticos, sociales, económicos y personales, altamente cargados de nuestro tiempo actual, muchas personas están afectadas por la sensación de que el tiempo se está acelerando. Eso podría explicar la intensa perturbación que la mayoría de nosotros está sintiendo en este momento de la historia. ¿Puede este aumento de la frecuencia Schumann tener algo que ver con nuestro estado físico, mental y emocional?

Sabemos por la Ciencia que cuanto mayor es la frecuencia más diversificada es la información que  aporta. Dado que somos criaturas orgánicas hechas de materia y susceptibles a los campos electromagnéticos, y debido a que nuestras vidas son inseparables de la Tierra, si la frecuencia de la Tierra está aumentando nuestra frecuencia también se eleva.

Evidentemente, los aumentos en la frecuencia de la Tierra crean aumentos en nuestra Consciencia.

Ondas cerebrales Gamma para el salto evolutivo

Ahí aparecen las Ondas cerebrales Gamma, asociadas con un cerebro más despierto, consciente y creativo, porque representan el doble de frecuencia que las beta alta. El resultado es un mayor conocimiento, debido a un estado de excitación en el cerebro no conectado al modo  emergencia/supervivencia; sino que se correlacionan con una especie de superconciencia y comprensión. Y con mayores cantidades de amor y compasión.

A medida que la Tierra atraviesa su metamorfosis, el Ser Humano también avanza en ese espacio de intensidad emocional relacionado con las ondas beta, previo a entrar en una nueva consciencia de los estados cerebrales gamma. Este estado mejoraría nuestro sistema nervioso y expandiría nuestra percepción y conciencia de la realidad.

Todo ello indica que estamos al borde de un gran salto evolutivo. Vivimos una iniciación, un rito de paso de una fase a otra. Y la Madre Tierra nos está ayudando a dar el paso, a levantar el velo, iniciándonos en una aceleración de la Energía para permitirnos ver nuestra verdadera naturaleza.

Así, cuando veamos, recordemos y  despertemos a quienes somos realmente, finalmente,  los seres humanos podremos pasar, como una conciencia colectiva, de un estado de supervivencia a a un estado de prosperidad.

Extracto de un texto original de Joe Dispenza emitido por audiciones «Mivozestuvoz.net».

Gracias.

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