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Me preguntan muy a menudo el por qué defiendo tan efusivamente al Presidente Trump. Sin ánimo de ser exhaustivos, debo decir que no soy partidario acérrimo de ninguna tendencia ni ideología política, ni de izquierdas ni de derechas, pero me subleva la gran injusticia que se está cometiendo con este hombre.

Siempre he alardeado de ser un fiel buscador y defensor de la verdad y la justicia, y es esto lo que me impele a defender a D. Trump contra todas las situaciones, injustas y desproporcionadas, que se están ejerciendo en torno a su figura. No me parece justo ni cierto la cantidad de falsas acusaciones y mentiras que se están vertiendo hacia su persona.

Un empresario exitoso que asciende de la vida pública a la política, sin preparación, pero con la experiencia necesaria en el manejo de los grandes negocios. Su capacidad de liderazgo, su enorme carisma, ha cautivado a millones de americanos (y no americanos) como no se veía desde el tristemente desaparecido JF Kennedy.

Desde que derrotara a miembros republicanos en las primarias y a Hillary Clinton en la carrera final por la Casa Blanca en 2016, los demócratas y algunos republicanos de su propio partido, no le han perdonado que haya sido capaz de levantar de nuevo a EEUU en una lucha encarnizada y titánica por controlar el poder económico mundial, con el PPCh que quiere globalizar al mundo.

Ahora, a pocos días de ceder – que aún está por ver – el trono del país más poderoso de la tierra a su rival demócrata, se está produciendo una caza, un enfurecido acoso a su persona, que no tiene parangón en la historia reciente de ese país. Desde todos los medios de comunicación, desde todos los estamentos americanos, han iniciado una persecución personal contra él como si fuera el último superviviente de esta guerra. En mi mente surge una pregunta, ¿será que le tienen, aparte de envidia y odio, un miedo atroz a lo que pueda aportar o desclasificar en estos pocos días, que en teoría, – repito, en teoría – le quedan de mandato? No amigos, no nos equivoquemos, habrá tenido altibajos propios del desgaste termodinámico de dirigir el país más poderoso del mundo, pero su labor es y ha sido, digna de encomio, y nunca de crítica. ¿Acaso ha generado alguna guerra, ha invadido algún país, como sí se han atrevido a hacer sus antecesores, movidos por la ambición y la codicia megalómana de los grandes dictadores de la humanidad? La respuesta, es no, no y no.

Su aporte a la estabilidad económica, de nuevo, ha sido exitoso y buena prueba de ello es el apoyo mayoritario que ha recibido en las recientes y fraudulentas elecciones estadounidenses, de comunidades que siempre han estado marginadas, como la afroamericana y la latina. Ni la ya famosa «Enmienda 25», ni el segundo «Impeachment» que le acaban de aprobar los corruptos miembros de la cámara de diputados, podrán con él. Es lo que solemos decir en España: «patadas de ahogados» y no van a menoscabar su inmejorable mandato. Todo lo antedicho no hace más que provocar en mí, y en muchos otros, esa sensación de impotencia por los acontecimientos que se suceden y no poder hacer nada. No obstante, y siempre me acojo a lo mismo, la VERDAD, debe resplandecer y más temprano que tarde prevalecerá y todo saldrá a relucir.

Este comentario es de mi total autoría.

Agustín Fernández Aramburu González

(Universo Gesara agradece al autor la cesión de su texto a esta página web para su divulgación).

En el siguiente enlace, pueden acceder a una muestra de esta cacería de brujas que denuncia Agustín Fernández. Agradecemos, igualmente, al Canal Jota DBS su buen trabajo, que recomendamos seguir.

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