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Rafael Osuna reivindica «lo poco que queda de bienes comunales» en la Subbética

Rafael Osuna reivindica «lo poco que queda de bienes comunales» en la Subbética

Conferencia de Rafael Osuna Luque, cronista de Carcabuey, sobre el Comunal en la Subbética

6 de Noviembre de 2021. Salón de Usos Múltiples. Carcabuey.

 

 

«Hay que reivindicar lo poco que queda de bienes comunales en la Subbética»

 

«En torno a los años 70, se venden los últimos bienes comunales. Lo poco que nos queda hoy son algunas vías pecuarias y abrevaderos. Habría que apostar por el mantenimiento de lo poco que nos queda y por la recuperación de los que se han perdido en las últimas décadas. Existen documentos históricos, datos y leyes, para poner en marcha un expediente que permita devolverlos a la propiedad comunal. Siempre lo fueron. Y deberían seguir siéndolo. La sociedad civil tiene el deber de reivindicarlos».

 

 

En primer lugar, quiero dar las gracias a Román por darme la oportunidad de compartir este tiempo con vosotros y de hablar sobre la historia de nuestro pueblo. Y por poder escuchar las sabias palabras de Félix, que ha hablado de muchas cosas interesantes. No sólo ha hablado de bienes comunales, sino de agricultura, historia y filosofía de vida. Y de las distintas fórmulas de vida que han existido. Coincido con algunas de sus críticas y con su exposición sobre el proceso histórico que ha acabado con los bienes comunales. En este mismo pueblo, es muy reciente el hecho de los abrevaderos y vías pecuarias que hemos ido perdiendo ante la pasividad general de todo el pueblo. Siempre hay avispados que se apropian de lo que no es suyo. Y sorprende que la sociedad civil sea tan pasiva, y tan olvidadiza de sus propios bienes y tradiciones.

 

«Espero que tengáis eco en nuestra comarca, y en nuestro pueblo, porque tenemos asuntos pendientes en ese sentido»

 

Félix ha referido de manera general la desamortización de  1855, momento en que se pone en solfa las propiedades comunales de los pueblos. Pero, también ha dicho que en el siglo XVIII, en Andalucía empiezan a perderse bienes comunales. Y, efectivamente, en 1855, en Carcabuey gran parte de los bienes comunales ya se habían perdido. No todo comenzó a desaparecer con la desamortización. El proceso empezó mucho antes.  

Lo que ha sucedido en Carcabuey con los bienes comunales es representativo de lo que ha ocurrido en la amplia comarca de la Subbética cordobesa, incluso de toda la provincia. Félix ha mencionado Adamuz, donde todavía perviven los montes comunales,  pero en el valle de Los Pedroches, las siete villas de Los Pedroches comparten aún amplios terrenos que tienen su origen en las propiedades comunales. Igual que todo el norte de la provincia. Al contrario de lo que ha acontecido en el sur, donde ha desaparecido prácticamente todo.

 

«En suma, coincido con Félix en que los bienes comunales siempre fueron importantes y en Carcabuey también lo fueron, hasta que empezaron a venderse o a repartirse»

 

Como historiador es inevitable recurrir a la Historia. Mirar hacia el pasado para comprender los problemas del presente. Y, ateniéndome a la Historia, tengo que decir que hasta 1492, momento en que se produce la conquista del reino de  Granada, Carcabuey era un terreno deshabitado. Podía haber entre 50 y 250 habitantes, como máximo.

En el Libro de la Montería de Alfonso XI, en el siglo XIV, se describe que era terreno de caza mayor donde los animales campaban a sus anchas. Todo era bosque, naturaleza y había una gran cantidad de flora y fauna en todas estas montañas. El hombre no había roturado prácticamente nada. Sólo en los alrededores de los pueblos se cultivaba. Ahí comienza la historia de los bienes comunales de Carcabuey.

 

Carcabuey, ejemplo de la pérdida del comunal en la Subbética

El detonante del comienzo de la pérdida de las tierras comunales se produce entre 1530 y 1590, y se debe a la presión demográfica. En ese periodo, la población de Carcabuey pasa de  600 a 1.800 habitantes. Se multiplicó por tres en 50 años. Esta presión demográfica demanda  tierras. Y el concejo municipal opta por comprar tierras a la corona para el abastecimiento de los nuevos pobladores, que en unos casos disfrutan como tierras comunales y en otros como tierras de propios.  

 

Carcabuey es un hermoso pueblo situado en el corazón de la Subbética cordobesa

 

Carcabuey era un señorío dependiente del marquesado de Priego, propiedad de los Fernández de Córdoba. Sin embargo, el concejo municipal optó por comprar nuevas tierras al rey, no al Señor del marquesado.  Como era tradicional, el rey repartía las tierras de realengo (las que conquistaba)  a las gentes que le ayudaban en la conquista de ese territorio. Normalmente, eran tierras de baldíos, poco rentables por su mala calidad agrícola, pero que se utilizaban para uso ganadero. También daba tierras al concejo para que sirvieran al común. Asimismo, el concejo compraba bienes para destinarlos a comunales o de propios.

Pues bien, a través de un pleito dirimido en 1590, por el que se pide al concejo que justifique la propiedad de sus tierras, se conoce que ya estaban compradas con anterioridad. Luego, ya eran comunales a finales de siglo XVI.

Previamente, en 1570, un centenar de vecinos pleitea con el concejo, porque ha arrendado tierras como si fueran de propios, cuando eran de comunes.  Con el arrendamiento de las tierras de propios, el concejo se financiaba. Pagaba a los funcionarios y sus propios gastos de funcionamiento.  Las tierras comunales no se pueden arrendar. Precisamente, el Navazuelo y el Aneal eran bienes comunales en aquella época.

 

El Lobatejo, perteneciente hoy a la finca privada El Navazuelo, fue bien comunal hasta el siglo XVII

 

Durante esa fase de compras de bienes comunes, que transcurre desde la segunda mitad del siglo XVI  y  hasta la primera mitad del XVII, el concejo se hizo con tierras de baldíos para ofrecer a la gente del pueblo  la posibilidad de explotarlas: para pasto del ganado, explotación del fruto de la encina, etc. Pero, empiezan a perderse porque se parcelan y venden a partir de la segunda mitad del XVII. O, bien, porque algunos avispados de la época se las apropian indebidamente. Como ha ocurrido hasta nuestros días.

En Priego, que vive una historia paralela, también se pierden bienes comunales porque el marqués se apropia de ellos, según está documentado. O, sea, que los señores abusaban de su poder y control sobre los pueblos también apoderándose de tierras del común. Esto está denunciado en el caso de Priego. Y, probablemente,  los vecinos de Carcabuey también presentaron denuncias en este mismo sentido.

Finalmente, el comunal también se pierde por repartos del propio concejo o desamortizaciones estatales. Y este proceso llega hasta casi finales siglo XX.

Por ejemplo, entre 1761 y 1790, el estado grabó a los concejos  con una gran cantidad de impuestos. Esto les obligó a vender tierras para poder hacer frente a tales impuestos. Así se perdieron y distribuyeron tierras entre particulares, con el beneplácito del estado y de las autoridades, porque todo el mundo obtenía beneficio. Esto está atestiguado en toda la comarca a lo largo del siglo XVIII.

También está documentado en Carcabuey, como en Cabra y Baena, que el Decreto de 1813, dictado tras la Guerra de la Independencia, posibilitó el reparto de tierras comunales entre soldados participantes en el reciente conflicto bélico. Así se pagaban los servicios prestados.

Otra fecha importante, en exclusiva,  para Carcabuey es la de 1834. Ese año el estado dictó un decreto que permitía a los concejos  enajenar tierras voluntariamente. Muchos pueblos no lo hicieron. Pero, el concejo de Carcabuey  si formalizó un expediente para enajenar bienes comunales.  Ese expediente se remitió a la Diputación de Córdoba para su tutela y autorización. Finalmente, en 1841, la Diputación autorizó la enajenación de unos cientos de fanegas. Este proceso se prolongó tanto debido a una pelea entre clanes miembros del concejo, que también era bastante frecuente.  

Así llegamos a la famosa desamortización, de 1855, tan perjudicial para los pueblos y la gente, que hasta entonces sobrevivía gracias, en gran parte, a los bienes comunales. Esos bienes  pasaron a engrosar grandes patrimonios privados, cuyos dueños eran los únicos que podían pagar. Este proceso fue muy dilatado en el tiempo, llegando hasta el siglo XX. 

Según indican los datos históricos, la presión demográfica de la comarca ha jugado en contra de la pervivencia del Comunal. La densidad de población es muy elevada. LO ha sido siempre. También las coyunturas históricas y las soluciones ofrecidas para solventar los problemas de cada época: recurrir a la venta de territorios comunes. Ojalá hoy pudiéramos contar con gran parte de ellos para sacar adelante muchos de los proyectos que Félix propone.

Nuestra historia ha sido así. Al final, prácticamente, nos hemos quedado sin terrenos comunales en Carcabuey. Por eso, hay que reivindicar el poco comunal que nos queda

En torno a los años 70, se venden los últimos bienes comunes. Lo poco que nos queda hoy son algunas vías pecuarias y abrevaderos. Incluso, habría que apostar por la recuperación de los que se han perdido en las últimas décadas. Existen documentos históricos, datos y leyes, para poner en marcha un expediente que permita devolverlos a la propiedad comunal. Siempre lo fueron. Y deberían seguir siéndolo. La sociedad civil tiene el deber de reivindicarlos.

 

Homenaje a los cabreros y a su importante papel en el sostenimiento medioambiental

Aprovecho la presencia de mi padre y de Rafalito aquí para reivindicar el importante papel que han cumplido siempre las cabras para sostener el monte y la labor que han hecho los cabreros  en este sentido. Hemos perdido el sistema tradicional de conservación que los antiguos sabían utilizar para que todo estuviera en armonía con el ser humano.  Con la cantidad de cabras que siempre ha habido en la Subbética y la mucha necesidad que hoy existe tanto de rebaños  como de buenos cabreros.

 

 

Cómo averiguar sobre los bienes comunales hoy en día

En respuesta a las preguntas planteadas por algunos de los asistentes a la conferencia, sobre cómo conocer hoy cuáles son o fueron los bienes comunales de cada pueblo, Rafael Osuna explicó que la documentación histórica se transfirió a los archivos provinciales. Allí es donde comienza la investigación, consultando un documento del siglo XVIII, el Catastro de Ensenada, que data de 1750. Este fue un documento que se elaboró con una finalidad fiscal, con un interés económico, por lo tanto es una fuente muy fidedigna, la más relevante de aquella etapa. El Catastro de Ensenada consta de tres  volúmenes, aunque el más eficaz y práctico es de respuestas generales breve, donde se responde sobre número de habitantes de cada municipio, características de las tierras, propiedad, calidad del terreno, cultivos, etc.  La consulta es fácil. Puede ser digital, a través del Archivo PARES, una plataforma que comparte documentación de muchos archivos. El Archivo de Simancas tiene digitalizado el Catastro de Ensenada. 

Otra fuente de investigación son las publicaciones universitarias de cada provincia, que reúnen todo tipo de estudios sobre bienes comunales de ese territorio en concreto.

Asimismo, los Boletines Oficiales históricos de la Provincia, que publica cada Diputación, relacionaban la subasta de las tierras comunales que se ponían en venta. También publicitan todas las desamortizaciones desde 1836 hasta siglo XX, las subastas o reparto de suertes, compradores, su valor, etc.  

Los ayuntamientos, en sus libros de contabilidad siglo XX, recogen la venta de los últimos bienes comunales. Como ya se ha comentado, el proceso que se inició a mediados del siglo XVII se prolongó hasta la década de los 70 del siglo pasado, en parte, debido a la masiva emigración del campo a la ciudad que había empezado veinte años antes.

Finalmente, los Archivos de protocolos que los notarios estaban obligados a dejar en el Archivo Municipal y en otros archivos públicos, en relación a las compraventas de bienes de propios y comunales, también son un instrumento de consulta de gran interés.

 

 

*Otros datos explicitados en la tertulia posterior a la conferencia:

Carcabuey fue uno de los pueblos con mayor superficie vinícola durante el siglo XIX. Destacó por la extensión de su viñedo y por la calidad, sobre todo, de su aguardiente. Contó con una potente industria de productora, tan relevante como Chinchón, Cazalla o Rute. Hoy, está totalmente perdida.  

La fanega en Carcabuey corresponde a algo más de cinco mil metros cuadrados. En Castilla, la fanega es más extensa, comprende algo más de 6.000 metros.

 

 

 

*Esta conferencia se insertó en el marco de unas Jornadas en el transcurso de las cuales se llevó a cabo la Primera Recogida de Bellota en la Subbética cordobesa, con motivo del inicio de  la Tercera Temporada del Proyecto Arrendajo. En los siguientes enlaces pueden encontrar toda la información sobre esta actividad:

Félix Rodrigo Mora presenta en Carcabuey su propuesta para la pervivencia de los pueblos ibéricos

 

 

 

Félix Rodrigo Mora presenta en Carcabuey su propuesta para la pervivencia de los pueblos ibéricos

Félix Rodrigo Mora presenta en Carcabuey su propuesta para la pervivencia de los pueblos ibéricos

 

Proyecto Arrendajo y Comunal, una apuesta por la pervivencia de los pueblos ibéricos

Conferencia de Félix Rodrigo Mora sobre El Comunal y el Proyecto Arrendajo.

Carcabuey, 6 de noviembre de 2021.

 

El Proyecto Arrendajo es el intento de hacer que la sociedad civil participe en la reforestación. Hasta ahora se creía que la tarea de reconstruir el bosque autóctono corresponde a las instituciones. Pero, es que las instituciones hace mucho tiempo que no hacen nada, nada bueno, y mucho malo. Más bien agravan el problema de la desertización progresiva de Iberia. Por ejemplo, ellos han creado todas estas plantaciones forestales, de eucaliptus y de pinos,  que tantos problemas están provocando.  Por ejemplo, mantener allí equipos de extinción de incendios permanentes que cuestan tan caro y que, a pesar de todo, no evitan cada verano multitud de incendios y miles de hectáreas quemadas.

 

«La sociedad civil debe intervenir. En esto y en todo. No puede seguir paralizada, pasiva  y esperando que las instituciones actúen.

Eso es una actitud antidemocrática»

 

El Proyecto Arrendajo representa una apuesta por la permanencia, pero no sólo de la agricultura, sino también de la cultura y, sobre todo,  por la permanencia de los pueblos, libres y soberanos. Según vaya avanzando, sólo estamos en la tercera edición, y aún nos quedan 17, también abarcaremos la recuperación de la historia, pero la historia real. Esa es la que nos cuentan los eruditos locales, mucho más cercana a lo auténtico. No una historia novelera. Por ejemplo, aquí se ha inventado una historia oficial y ridícula del pueblo andaluz, que es una exageración, porque presenta una imagen mísera e infantil. Y se ha ocultado la verdadera. Y esa es la que hay que recuperar.

 

Rodrigo Mora, junto a Rafael Osuna, cronista oficial de Carcabuey, que también participó en la conferencia

 

Respecto al Comunal, a mí me interesa mucho y, sobre todo, en Andalucía, porque siempre ha existido el mito de que no existía el Comunal. Entonces, yo, durante años, me he entretenido pacientemente en anotar todos los textos que he ido recibiendo o encontrando sobre el Comunal de Andalucía. Entre ellos, quizás, el más interesante es el texto de Mercedes Fernández Paradas, titulado: “Los repartos de tierras municipales en Andalucía, 1767-1854”Este texto es interesante porque  recoge la agresión estatal al comunal, justamente, el año anterior a la proclamación de la ley principal de desamortización civil, 1855. Por eso ella se detiene en 1854, porque el golpe gordo viene después.

Es importante estudiar todo lo que se hace desde las leyes desamortizadoras de Carlos III. Mercedes Paradas empieza a estudiar en 1767. Se establece una legislación especial para Andalucía. Pero, para todo el reino de Castilla, la legislación importante es la de 1770.

Otro estudio importante es “Una riqueza inmensa casi abandonada, el Comunal en Andalucía”, de  Luis Carlos Navarro Pérez. El problema de todo esto es que no llega a la gente. Son textos muy eruditos que no lee nadie, ni nadie cita. Esto a mí me dolía. Porque hay mucho material.

Una vez en Jerez de la Frontera, alguien dejó sobre la mesa este libro: “Las tierras de Jerez, suerte de sus usos y aprovechamientos comunales”, de Carmen Muñoz de Bustillo. Afirma que hasta el siglo XX, el 90 por ciento de las tierras en Jerez era comunal. En aquella zona que, hasta ahora, siempre hemos considerado muy latifundista.  

Un texto que me impactó mucho, y os vais a reír cuando os lea el título, explica cómo funcionaba un pueblo de Andalucía justo antes de la guerra civil. El título es: “O llevarás luto por mí”, la biografía del cordobés, hecha por dos autores franceses: Dominique Lapierre y Larry Collins. Es un trabajo de investigación muy potente en el pueblo cordobés de Palma del Río. El libro cuenta que cuando él nace a su padre ya lo habían fusilado los franquistas. Cuando empieza la guerra civil su madre estaba embarazada de cinco o seis meses. Y explica qué sucede en el pueblo los dos o tres meses antes y después de comenzar la guerra civil,  cómo era allí la vida, cómo vivía la gente y por qué ocurrió la guerra civil. Fue un libro muy leído. También en Francia. Paradójicamente, El Cordobés fue amigo de Franco y hubo gente que se lo reprochó por haber fusilado a su padre. A mí este libro me abrió una perspectiva, lo leí hace muchos años, que no sabía interpretar. Porque era lo contrario de lo que decían los libros de historia. Fue como un flash, un chispazo, un golpe.

Luego, andando el tiempo, leí otro texto muy interesante: “El reñidero español”, de Franz Borkenau, un periodista austríaco que se  instala en Castro del Río, justo antes de que llegaran los franquistas al pueblo, y una vez que ya se habían ido las autoridades republicanas. A través de un traductor, hacía muchas entrevistas a gente del pueblo y es interesante porque presenta un autogobierno popular, el pueblo se autogestionaba. 

Existe el comunal y los bienes del comunal. La gente vive en una sociedad comunitarista, donde las relaciones de vecindad son muy importantes, donde existen unos lazos fuertes entre la gente, unas relaciones estrechas, solidarias, fraternales.

Estas relaciones se ven en ambos libros, sin que en ninguno de los dos se pronuncie ni una sola vez la palabra comunal. Los libros son superficiales. Pero, hay que hacer una metalectura. O leer entre líneas, como se dice en castellano.  Descubrir qué hay detrás del relato de los hechos.

 

Imagen de parte del público asistente a la conferencia de Félix Rodrigo y Rafael Osuna en Carcabuey el 6 de noviembre de 2021

 

Luego está el caso de Vejer de la Frontera, en Cádiz, donde se practica “las hazas de la suerte”, que consiste en un reparto de terrenos comunales todos los años bisiestos, el 22 de diciembre, de acuerdo a la ortodoxia más rigurosa del derecho consuetudinario. Los vecinos sacan de una urna un papelito, con un número, que corresponde a una parcela (haza). El vecino que ha sacado ese papelito explota esa parcela durante los cuatro próximos años. Esto se hace desde el siglo XVI.

Se sabe la data porque fue un lugareño, Juan Relinque, quien estableció este sistema y lo reflejó en un documento oficial. Me alegró comprobar que en un pueblo tan andaluz se mantenía o mantiene este derecho consuetudinario.

Porque con el paso de los siglos, la desamortización, la guerra, etc, todo esto ha desaparecido.  Sucedió en algunos pueblos que la gente rica se hacía con tierras que no eran suyas de una forma no muy legal, incluso. En cualquier caso, la legislación aún reconoce los bienes comunales.

Aquí, en Córdoba, tenemos los montes comunales de Adamuz. Y, luego, está la normativa andaluza actual: Ley 7/1999, 22 de septiembre, sobre Bienes de  Entidades locales de Andalucía. Entiendo que aquí está el meollo. La forma en que el comunal es privatizado lo establece el Ayuntamiento. Lo convierten en bienes municipales.

Los bienes municipales los maneja el Ayuntamiento. Pero, los bienes comunales los maneja el común de los vecinos. NO es lo mismo. Esto está reconocido incluso en la legislación actual.  Y no establece que sean los ayuntamientos los que regulan el uso de los comunales. Por eso se puede ir hoy en día legalmente contra los ayuntamientos si persisten en gestionar ellos los terrenos comunales.

De hecho, los Ayuntamientos se constituyen en 1812. Y la normativa del Comunal viene de muchos siglos antes. En el caso de Vejer,  del siglo XVI, y de Relinke, un síndico el común.

 

 

¿Por qué se ha ocultado el Comunal?

En Andalucía, como en el resto de España, el comunal y toda esta historia se ha ocultado porque no interesaba que el pueblo supiera que podía disponer de las tierras donde se asentaba. NO se ha querido interpretar la historia de los pueblos ibéricos en clave comunal. Hay una gran tradición en Andalucía del manejo del comunal, que se ha perdido porque se ha ocultado intencionadamente.

Hay un montón de libros que hablan de latifundismo y del señorito, pero no del comunal. Y los pocos que existen se ocultan. Es vergonzoso que quien ha escrito un par de libros muy interesantes de este asunto es un canadiense, David Barden, en los que verifica que el comunal predominaba muy ampliamente en los territorios de la corona de Castilla. No se puede hablar de España hasta la Constitución de 1812.

En suma, Barden escribió dos libros hace 30 años que no sirvieron para nada. Tampoco los libros de Joaquín Costa sobre el tema. Hay una cerrazón. Es un muro contra el que nos estrellamos. El poder constituido en los últimos siglos oculta que existe otra realidad, otra manera de vivir,  en que la gente se ayudaba. Y eso es muy inquietante para la autoridad.

Los próximos años tendríamos que explicar y divulgar todo esto. Me interesa más el espíritu de comunalidad que el comunal, los lazos humanos, convivenciales y la noción de individuo que permanece allí que el propio comunal, cuyos bienes en la mayoría de los casos ya se han vendido. Porque es muy importante que la gente sepa que hay otras opciones convivenciales al sistema que nos han impuesto desde fuera.

Si se hiciera un buen estudio sobre Vejer, qué pensaría mucha gente. Su conciencia de andaluz-a variaría. Esto se hacía en el 70 por ciento de los pueblos hasta el siglo XIX. Había todo un sistema que establecía lazos de convivencia muy fuertes. Y allí donde hay comunal hay concejo. El terreno comunal era un terreno de explotación comunitaria, donde el trabajo basado en la ayuda mutua era fundamental. A menudo, casi todos los estudiosos del comunal, coinciden en destacar la idea de trabajo comunal. No sólo la propiedad. Sobre todo, las formas sociales.

La aldea gallega, estudio de comunal en Galicia, es un libro del sevillano Nicolás Tenorio, de finales del siglo XIX. Estudia las costumbres comunitarias y explica que, en la aldea gallega, las parcelas comunales no se explotaban de manera individual. El trabajo también era comunal. Es un libro de referencia para los independentistas gallegos. Se han hecho sucesivas reediciones. La última hace veinte años.

El concejo de Sevilla es otro libro de Nicolás Tenorio, de 1902, imprescindible que, sin embargo, no lee nadie. Y no me lo explico, porque Tenorio fue un jurista muy competente. En esta obra estudia cómo se organiza el territorio sevillano y el concejo comunal después de la expulsión musulmana, a partir de  1492. Explica que se crea un sistema de autogobierno de abajo a arriba, a partir de los barrios.  ¿Por qué no se reedita y recupera el estudio de esta obra tan importante? ¿Por qué se ha hecho un vacío de todo esto?

Esta sensación e inquietudes las he tenido desde hace muchos años, desde mi infancia. Yo no he estudiado el comunal porque lo aprendiera en cualquier libro. Lo investigué porque en mi pueblo había un valle que se llamaba concejil y que se cultivaba por todos los vecinos del pueblo. Yo era un niño de diez años y me cuestionaba por qué aquello.

He tardado toda una vida en entender qué era aquello. La primera vez que me atrevo a hablar de tierras comunales fue en Castilla. Porque me daba miedo dar el salto a otro territorio que no fuera el mío,  meterme donde nadie me había llamado. Yo soy castellano. Y sólo me atrevía a investigar el tema en mi tierra. Y lo recogí en un capítulo de mi libro más leído titulado:  “Bienes comunales en Castilla. Pero, lo recogí con pinzas. Hoy, no lo haría así. Hoy diría abiertamente que se nos ha ocultado, a propósito, una parte muy importante de nuestra historia. ¿Por qué?

La colección que la Escuela de Joaquín Costa publicó sobre derecho consuetudinario y economía cuenta con libros muy malos. Pero, otros son muy interesantes. Por ejemplo, “Costumbres comunales en Aliste”, comarca de Zamora, que periódicamente se ha ido reeditando.

Un discípulo de Joaquín Costa escribió un texto sobre el comunal en Soria, al norte del Duero, toda la zona de pinares. Era un maestro de escuela que había nacido en aquella zona y que siempre se había mantenido vinculado a su tierra. Son textos perdidos en los que se explica cómo se organizaba el comunal en aquella zona. Y lo explica muy bien.

En fin, insisto, hay que preguntarse y preguntar: 

¿Por qué se nos ha ocultado esta parte de la historia y se han apropiado de un bien común?

Este es un asunto donde hay que entrar muy a fondo y seguir desenmascarando a los ayuntamientos y otras administraciones que se han ido apropiando de unos terrenos que no son suyos, y a la sociedad civil que lo ha permitido. Una vez que se ha determinado cuáles son las tierras comunales, tiene que constituirse una junta vecinal que tome decisiones y actúe. Hay que exigir a los ayuntamientos que abandonen esas tierras. En algunos casos, los comunales son muy rentables en cuanto a los beneficios que reportan. Por ejemplo, en Soria, la madera de haya es muy valorada (5.000 euros por árbol) y en  Extremadura, donde los bosques de alcornoques producen grandes cantidades de corcho que se comercializa por los vecinos.  Sin embargo, no se quiere afrontar este reto de recuperar el comunal, en general.

 

 

El elemento reforestador. El Proyecto Arrendajo

 El elemento decisivo para superar la crisis ambiental es la reforestación. Los árboles autóctonos, no los pinares de repoblación, regeneran el suelo, crean suelo. Esta mañana lo hemos visto en el recorrido que hemos realizado aquí en Carcabuey. Empiezan a caer hojas, bellotas, etc. y se crea un suelo maravilloso, de una fertilidad enorme, de color negro. También crea agua, es el bosque fluvial. Y elimina las anomalías climáticas que abundan ahora tanto, en concreto, la sequía estival, un problema que va a convertir la península ibérica en un desierto.

La sequía estival se ha ido extendiendo a lo largo del tiempo. Antes, el verano iba de junio a septiembre. Ahora, empieza el 15 de mayo y acaba el 1 de noviembre. Como ha pasado este año. Eso no lo puede soportar mucho tiempo ningún árbol.  Los árboles sufren un estrés hídrico muy fuerte y estamos ante el fenómeno de los bosques enfermos. Por ejemplo, la seca, que ha destruido el 70 por cierto de las dehesas de encinas en Huelva. También está la graciosis, que ha acabado con gran parte de la población de olmos.

 

«El estrés hídrico y  la destrucción del bosque autóctono son las causas principales que originan estas anomalías climáticas y los bosques enfermos, que no sucedían en el pasado».  

 

Pero, lejos de crear miedo, como hace la televisión española, hay que poner soluciones. El bosque es un ser vivo que se regenera, pero sin intervenciones humanas agresivas. Hay un libro del siglo XVI que ya lo advertía: Los bosques son un regulador del clima. Donde no hay bosque no se puede tener ganado. En un lugar desarbolado, el frío mata el ganado. Los ingenieros forestales están ciegos a la experiencia. Sólo atienden a lo que estudian en los libros, que están en su mayoría equivocados. No sé si con mala intención o sólo por ignorancia.

 

«Los bosques son un regulador del clima»

 

Entonces, ¿Cuál es el elemento destructivo por excelencia en el bosque actual?: la agricultura. Y, en concreto, una agricultura basada en monocultivos. Es aberrante que el olivar ocupe aquí, en Andalucía,  el 96 por ciento del territorio. Un olivar, además, con rendimiento decreciente, debido a todas estas anomalías climáticas. Esto sucede también con el maíz en ciertas zonas de La Mancha, donde están agotando los acuíferos. Igual ocurre con la remolacha en la cuenca del Duero, que cada vez necesita más agua y más herbicidas.  

¿Quién ha creado todo este sistema de monocultivos? La política agraria común de la Unión Europea. Tenemos que entrar en polémica con eso. Porque el monocultivo es contrario a la diversidad y a la autosubsistencia.  

Antes lo comentaba con alguien, yo tengo un amigo en Alcalá la Real y hace un tiempo me decía desde lo alto del impresionante castillo de La Mota, donde hoy sólo se ven olivares. Me decía: Félix,  esto antes no era así. Había viña, alfalfa, trigo, frutales, girasol,  …. Las plagas no se contagiaban porque el multicultivo lo impedía. Y, en aquellas condiciones, el rendimiento era mayor. Y sufría menos enfermedades.

Esto hay que replantearlo. El proyecto Arrendajo no sólo pretende sembrar o plantar quercus, bosque autóctono. Este año nos hemos atrevido ya con el sauco, porque es el árbol medicina de Europa.

 

 

Reorganización de la agricultura y recuperación de la cultura popular

No podemos establecer una reforestación en 20 años, como propone el PA, sin proponer una reorganización de la agricultura. En ningún territorio puede haber un monocultivo que ocupe más del 50 por ciento del suelo. Eso es un proceso de autodestrucción.

El otro día leí que en Jaén el principal acuífero se está  agotando. Claro. No se puede pretender regar permanentemente durante años y en periodos de sequía cada vez más extensos millones y millones de olivos sin que se sequen los acuíferos. Los acuíferos no son eternos. SE agotan en 30 años y tardan 500 en recargar. Estamos llegando a un punto de inflexión en la agricultura, impulsada por la PAC, que propone un sistema de cultivos enloquecido. Hay que repensar una nueva agricultura, que conjugue ganadería, silvicultura, apicultura, etc.

 

«Me asombra  que no se diga nada tampoco de que el mejor herbicida son las cabras y las ovejas»

 

Ahora ya,  como Monsanto no podrá pagar todas las multas que debe por las muertes que ha provocado su glifosato, parece que esta marca va a caer. Qué bien.  Pero, ahora,  llegan otras marcas prometiendo que sus herbicidas no son venenosos. Todos los herbicidas son iguales. Monsanto creó el DDT, el glifosato, ….. pero el paso del tiempo ha demostrado que son totalmente perjudiciales. 18.000 demandas contra Monsanto están interpuestas. Una vez que no tengamos posibilidad de utilizar herbicidas, porque se prohibieran los herbicidas químicos,  se podrá compatibilizar con la ganadería, la silvicultura, etc.

 

«El  Proyecto Arrendajo se traducirá en más lluvias, más materia orgánica, un clima menos extremo. Y una producción de suelo más interesante. Y, al mismo tiempo, aportará una mejora paisajística»

 

El mundo del monocultivo y la UE ha metido a la agricultura europea en un callejón sin salida, que tiene fecha de caducidad. NO va a durar más de 15 años. Para salir de ahí hay que regenerar el bosque autóctono, y esa es la propuesta del proyecto Arrendajo que, además, pretende una regeneración de la cultura popular.

Un amigo me ha recomendado un libro: «Música y tradición oral en Gaena y su entorno», de Victor Manuel Trujillo Pacheco, que es un lugar que está por aquí cerca, y que propone como modelo de recuperación de la tradición rural más genuina de estas tierras.

Y es que los sistemas de vida son sistemas culturales. La PAC no representa ninguna cultura. Todo lo contrario. ES un modo de producción, un caos aberrante. Un sistema cultural incluye un sistema ético y un paquete de lo humano que abarca la agricultura, la cultura, la forma de vida, la idea de mundo, las relaciones humanas.

Respecto al sistema ético, tenemos que plantearnos: 

¿Queremos una agricultura para ganar dinero o para vivir. Para acabar con todo nuestro entorno o para la permanencia?

 

 

 

*Otros datos explicitados en la tertulia posterior a la conferencia:

Andalucía contó en el siglo XIX con una industria muy próspera. Eso puede recuperarse. Apoyándonos en las prácticas, hechos y datos del pasado, mirando con una mente nueva, tenemos que apostar por el futuro. 

Rafael Chaparro escribió uno de los mejores libros sobre la Desamortización de 1855, donde describe pormenorizadamente todo los bienes enajenados, no sólo tierras, también se repartieron edificios, fábricas, ….

En la Subbética hay mucha seca. Si no se apuesta fuerte por una intensa reforestación, en unos años se habrán perdido una de cada tres encinas. Y esa pérdida nos llevaría directamente a un desierto.

 

 

*Enlaces al vídeo y al audio de la conferencia sobre El Comunal y el Proyecto Arrendajo que compartieron en Carcabuey, la tarde del 6 de noviembre de 2021, Félix Rodrigo Mora, investigador, y Rafael Osuna Luque, historiador y cronista local:

*Esta conferencia se insertó en el marco de unas Jornadas en el transcurso de las cuales se llevó a cabo la Primera Recogida de Bellota en la Subbética cordobesa, con motivo del inicio de  la Tercera Temporada del Proyecto Arrendajo. En los siguientes enlaces pueden encontrar toda la información sobre esta actividad:

 

 

 

 

 

 

 

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