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En el año 1913, en un punto de inflexión de su vida, el psiquiatra Carl Gustav Jung comenzó a realizar un experimento consigo mismo que duró hasta 1930. Esta prueba fue conocida después como “confrontación con lo inconsciente”.

El experimento acabó siendo una técnica para llegar al fondo de los procesos internos, traducir emociones en imágenes y comprender fantasías. Más tarde, denominó al método “imaginación activa”, reelaboró los registros, los completó con reflexiones y lo transfirió caligráficamente y con ilustraciones a un libro encuadernado en rojo titulado “Liber Novus”.

«El Libro Rojo» de Jung, en opinión de los responsables de El Hilo de Ariadna, la editorial que lo publicó en su versión castellana en 2010, es «la obra más reveladora publicada en el siglo XXI».

“Los años en los que seguí mis imágenes internas fueron la época más importante de mi vida y en la que se decidió todo lo esencial. Comenzó en aquel entonces y los detalles posteriores fueron sólo agregados y aclaraciones.

Toda mi actividad posterior consistió en elaborar lo que había irrumpido en aquellos años desde lo inconsciente y que en un primer momento me desbordó.

Era la materia originaria para una obra de vida. Todo lo que vino posteriormente fue la mera clasificación externa, la elaboración científica, su integración en la vida. Pero el comienzo numinoso, que todo lo contenía, ya estaba allí”.

Carl Gustav Jung (1957)

El Suprasentido

El Libro rojo» es «la obra más reveladora publicada en el siglo XXI, en tanto constituye una expresión contemporánea del conocimiento visionario, que transciende la estrechez de miras del sentido común, para abrirse al océano del suprasentido, el único lugar donde puede encontrarse la apertura al misterio de la vida”. Son palabras de Leandro Pinkler y María Soledad Costantini, responsables de El Hilo de Ariadna.

Para los editores españoles, resulta muy significativo que el texto de Jung y sus imágenes hayan permanecido ocultos por tantos años, como una incubación que requiere un proceso, ante la urgencia espiritual que demanda este tiempo. Tan significativo como el hecho de que el libro salga a la luz en circunstancias tan especiales. Pues, ante la preponderancia del sinsentido en el horizonte civilizatorio contemporáneo, un número creciente de seres humanos está siendo convocado a la búsqueda de un significado más alto de la existencia, y a la aceptación de que esa exploración lleva necesariamente a la profundidad de nuestro ser.

“He aprendido que, además del espíritu de este tiempo, aún está en obra otro espíritu, que domina la profundidad de todo lo presente. El espíritu de la profundidad tomó mi entendimiento y todos mis conocimientos, y los puso al servicio de lo inexplicable y de lo contrario al sentido. Me robó el habla y la escritura para todo lo que no estuviera al servicio de la fusión mutua de sentido y contrasentido, que da por resultado el suprasentido”.

C.G. Jung

Jung señaló la “tremenda pobreza simbólica de nuestra civilización” y abrió la puerta a un fenómeno que puede parecer paradójico: la emergencia de los textos sagrados y de las prácticas espirituales de las diversas tradiciones de todos los tiempos en un entorno dominado por el hipnotismo de los medios de difusión de masas y de una cultura tecnocrática.

En una sociedad materialista cada vez se hace más necesario lo que es invisible a los ojos, el suprasentido, el lugar al que se dirigen todos los anhelos humanos.

El Hilo de Ariadna

Si bien se supo de su existencia por más de ochenta años, El Libro Rojo nunca había sido publicado ni estuvo disponible para el amplio número de estudiosos y seguidores de Jung en castellano hasta que El Hilo de Ariadna se lanzó a la aventura en 2010, un año después de la publicación en alemán.

La obra emblemática de Jung marcó el inicio de este sello editorial, que hoy cuenta con más de cincuenta títulos editados y que se ha mostrado fiel al anhelo de hacer accesibles al gran público algunas perlas del tesoro simbólico de la humanidad. Así se ha dado a la luz a tantos buscadores del siglo XX que lograron apenas abrirse paso en un mundo dominado por creencias dogmáticas y convencionalismos mezquinos para lanzarse al peligro de lo desconocido.

A esos buscadores está dedicado el proyecto El Hilo de Ariadna, que delimita un campo en el que la emoción estética y la intuición se manifiestan como fuente de la sabiduría, porque el conocimiento buscado no es el enciclopédico sino la necesaria autognosis, el conocimiento de sí mismo.

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