Iki Gaia  – Semilla Monte Alegre 

Salí temprano de una Córdoba cociéndose en su propio jugo. El día anterior había registrado más de 40 grados a la sombra. Eran los primeros días de septiembre. Tan calurosos como agosto y julio. Dirección: Málaga. Poco después de Antequera, pasadas las Pedrizas, en pleno macizo montañoso, la brújula me indica un desvío a la derecha para girar, a continuación, a la izquierda. Dirección: Villanueva de Cauche. Abandono la nacional A-45 para adentrarme en una sinuosa carretera de montaña con indicaciones hacia Alfarnate. En el viaje de vuelta descubrí que podría haber llegado a Periana desde Colmenar, sorteando sierra Tejeda. Pero, mi instinto me llevó a través de la ruta que más me iba a gustar.   No sólo porque, a medida que ascendía, fui encontrando un circo escuela ubicado en plena montaña, una granja y una venta a la vieja usanza; sobre todo, porque descubrí el Puerto del Sol  (1100 metros de altitud) desde su cima, lo que me permitió disfrutar del maravilloso paisaje de aquella perspectiva de la Axarquía malagueña, con la sierra de Alhama al Este; el embalse de la Viñuela al fondo, un montón de pueblitos blanco desperdigados a lo largo del valle, la ladera y sobre tajos increíbles, al borde de precipicios de vértigo (Colmenar, entre otros). Y al sur, donde ya se funde el cielo y la tierra,  emergió el mar. Aquella noche aprendí que las luces parpadeantes de una ciudad más lejana, colindante con el Mediterráneo, dibujaban el contorno nocturno de Torre del Mar. Y un poquito más cerca, tímidamente, se atisbaba Vélez Málaga. Un escenario precioso, tanto de día como de noche.

Descendí despacio para seguir contemplando aquella panorámica, lo que me permitió reconocer el paisaje y  divisar unas cuantas curvas antes de llegar el cortijo donde la comunidad IKI-GAIA tiene su sede. Otra preciosidad se mostró ante mi vista. Con paradas incluidas, había consumido en el itinerario dos horas. Rakel salió a recibirme y, de inmediato, procedió a las presentaciones.

 

Era la hora del desayuno. Encontré a la mayoría de los miembros del equipo en la terraza, degustando la primera comida de aquel 6 de septiembre. En la cocina estaba Laetizia, siempre afable, que ese día era la encargada, apoyada por Liepa, una afanosa joven lituana. Nunca olvidaré tus ensaladas y tus tartas veganas. Riquísimas.

Tartas veganas elaboradas por Liepa

 

Encuentro estival de la RIE 

Faltaban sólo tres días para el Encuentro de la Red Ibérica de Ecoaldeas, que se celebraría en aquel recinto el fin de semana. Había aún bastante trabajo pendiente para que todo estuviera a punto el próximo viernes: obras que rematar, rincones que encalar, detalles de decoración que culminar, compras de última hora, inscripciones de participantes rezagados, etc, etc.

Por tanto, se me asignó rápido tarea en mi condición de voluntaria. Me tocó apoyar a Cristina y a otra voluntaria alemana para acabar de limpiar y preparar la espaciosa nave que se utilizaría como salón de usos múltiples.

Aquella primera e intensa jornada pude conocer gran parte del cortijo Puerto del Sol: la bonita casa principal, los patios, la escuelita, la sala de yoga, la sala de la música, el taller, los almacenes, las cuadras. Un poco laberíntico al principio. Pero, asequible en cuanto lo recorrí tres veces. Si tengo que elegir tres espacios superespeciales del lugar, escojo primero la fuente-manantial, cobijada bajo una enorme roca y una impresionante noguera. Es un rincón muy energético: agua, roca,  árbol y tierra al resguardo de la montaña. El segundo espacio es la despensa-horno, con sus aparadores repletos de botes de hierbas medicinales, especias, legumbres y conservas; sus estanterías cargadas de cajones de frutas frescas, cestas con manojos de hierbas secas y un sinfin de cacharrería estilo cocina de la abuela.

El tercer rincón especial en el Cortijo del Puerto del Sol es el que está junto a la escuelita, donde, a todas horas, disfrutas de unas vistas que colman más allá de tus cinco sentidos. Si la fuente transmite una poderosa energía, este espacio te reconcilia con el mundo, porque se muestra en toda su hermosura, y te conecta con tu SER a través de la inmensidad de lo que contemplas.

Si tengo que elegir momentos de mis tres días de estancia en IKI-GAIA, escojo los previos al almuerzo, cuando la cocina adquiría todo el protagonismo y gran parte de los comensales acudía a colaborar en lo que fuera necesario. La comida es vegana, abundante y exquisita, multicolor y multisabor. Y, después, del almuerzo, escojo la siesta bajo la sombra de la noguera de la amplia terraza, con la brisa que ascendía del mar y el valle refrescando la intensa temperatura ambiente,  y la música de fondo que emitía alguno de los pianos que presiden el salón de la casa relajando todos los ánimos. Entonces, todo era sosiego, calma, paz. Como al anochecer, cuando cada quien se retiraba a sus deleites particulares.

En la casa conviven varios músicos profesionales que aprovechan estos momentos de relax en el ajetreo cotidiano  para iniciar a los más pequeños de la comunidad en el aprendizaje de la práctica musical. El que estuvo ejerciendo su magisterio los días que permanecí en Puerto del Sol fue Daniel, siempre sonriente y paciente. La alumna más aplicada fue Luna. 

Finalmente, como tercer momento cumbre elijo el anochecer, un deleite sin palabras. Hay que verlo, vivirlo, sentirlo.

Después de practicar qigong en la fuente con Sabine, Margrit,  Leticia y Liepa,  la segunda jornada de voluntariado elegí la labor de encalar una de las naves destinadas a almacén.

El maestro del oficio este día era Dominique, un fornido suizo, rubio y de ojos azules, que ha renunciado a una vida cómoda en su país natal para embarcarse, junto a su bella pareja, en la apasionante aventura emprendida por la comunidad  IKI-GAIA, al  sur de Andalucía. Primero pensaron en Portugal, pero cuando conocieron el proyecto de Puerto del Sol les pareció el más solvente de cuantos habían investigado. Por ahora, la pareja convive en Periana, un precioso pueblo blanco que les enamoró nada más conocerlo y que les permite, por su cercanía al cortijo, cooperar en las actividades comunes que se organizan.

https://www.altimetrias.net/aspbk/verPerfilusu.asp?id=648

Ese día, todos dilatamos  la jornada laboral hasta casi la hora de la cena. Por la tarde, con Paquita, una francesa afincada en la costa malagueña desde hace 30 años, estuve cosiendo algunos de los cojines que servirían para hacer más confortable la estancia a los participantes en el encuentro de la RIE. Antes, habíamos lavado y puesto a secar al sol la lana de oveja que serviría para rellenarlos. Sabine, junto con los niños, estuvo ocupada en la cartelería, que pintó a mano con letras y dibujos multicolores. Ínigo, Daniel y Pedro ultimaban la obra del albergue.  El carpintero voluntario, un alemán muy sociable,  acababa de colocar la penúltima ventana. El electricista,  otro colaborador extranjero muy callado, remataba los enchufes. Otras voluntarias venidas de pueblos vecinos apoyaban  a Margrit. Walter instalaba soportes para cortinas que separaban espacios. El jardinero los últimos detalles florales. Francisco, un danés experto en sociocracia llegado al cortijo para impartir una conferencia sobre el tema en el encuentro de la RIE, también se puso manos a la obra y pudo experimentar en la práctica los beneficios del sistema de convivencia que él mismo promueve y divulga en todo el mundo.

La noche se cerró con varias actuaciones musicales improvisadas después de la cena y la posterior tertulia habitual. Los más pequeños, Osiris y Tiago, inagotables, prolongaban sus juegos y su hiperactividad mucho más allá de la puesta de sol. 

El viento y la última Luna del verano, la Luna de cosecha, ya casi llena, también fueron protagonistas aquellas noches en IKI GAIA.

El tercer día no encontré a nadie en la fuente temprano así que decidí hacer una ruta montaña arriba antes del desayuno para conocer más detalles de la finca y contemplar de nuevo el impresionante paisaje que se muestra a sus pies. Así tuve ocasión de conocer a otros guardianes del lugar: una familia de cabras montesas y las abejas de las colmenas que aloja un  bosquecillo de encinas al oeste del pico Puerto del Sol. De regreso, las máquinas ya estaban limpiando matorral seco y desechos de obra acumulados en los últimos días. En la cocina y en la terraza, encontré el habitual trapicheo del personal a la hora de desayunar.

La tarea asignada esta jornada fue de limpieza de exteriores y decoración de las salas de usos diversos, incluida la instalación de una inmensa cama de esponjosa lana que serviría como área de recreo infantil. Había llegado el momento de que Raquel recuperara del almacén un montón de cortinas, alfombras, telas, cojines, lámparas, sillas, mesas y otros objetos decorativos que dieron calidez y color a los espacios en los que se desarrollaría el encuentro de la RIE. Daniel y Liepa se ocupaban de concluir las duchas y baños secos. Y todos los demás miembros de la comunidad y colaboradores se afanaban en mil tareas para que al día siguiente todo estuviera perfecto.

Desde el viernes, 9 de septiembre, la mayoría de los asistentes al encuentro de la RIE fueron llegando e incorporándose progresivamente a las actividades organizadas para todo el fin de semana. IKA GAIA había logrado una nueva meta. Enhorabuena¡¡¡

 

Nota al margen: Un recuerdo muy especial para todos los habitantes del lugar que no he mencionado en esta crónica, pero que llevo para siempre en mi corazón. 

https://semillamontealegre.org/

Red Ibérica de Ecoaldeas – RIE

Translate »
error: El contenido está protegido.