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Al igual que los jázaros o azkenazis, herederos de los antiguos sumerios, los jesuitas y sus predecesores, los templarios, siempre han manifestado un gusto especial por la venganza. Esa tendencia va a unir sus destinos en un evento provocado en el siglo XVIII que cambiaría el rumbo de la Historia y cuyas consecuencias llega hasta nuestros días. Pero, antes de descubrir cuál fue aquel acontecimiento, vamos a conocer en este relato, extraído del capítulo uno de la segunda parte del documental La Caída del Cabal, el origen de jázaros y jesuitas.

Khazaria

Khazaria era un territorio al sur de Rusia donde se asentaron los herederos de los antiguos sumerios que emigraron al norte. En su momento de máximo esplendor, ocupó lo que hoy es Kazajistán occidental, este de Ucrania, una parte importante del Cáucaso (DaguestánAzerbaiyánGeorgia…) y Crimea. Estaba situada justo en el centro de la ruta de la seda del noroeste. Los comerciantes que atravesaban Kkazaria tenían que pagar peaje. Una simple y lucrativa forma de llenar los sacos del reino.

Los jázaros o khazars eran muy distintos a los habitantes de los países circundantes. Eran descritos como ladrones y espías. Decían que eran personas sin ley. Vivían una vida de pecado, de extremismo sexual, de crueldad. Asesinaban a viajeros que llegaban de otros países y adoptaban sus identidades. Eran maestros del engaño. Rendían culto a Ba´al, también conocido como Moloc, la representación de Lucifer, que exigía sacrificios de niños y, a cambio, el dios los recompensaba con riquezas, fama y fortuna.

Alarmado por estas historias terribles, el nuevo gobernante ruso advirtió en el año 600 a su vecino, el entonces rey de Khazaria, khagan Bulan, que tales prácticas tenían que acabar. Le propuso convertirse al judaísmo, al cristianismo o al Islám. Bulan adoptó el judaísmo. Pero, no se convirtió realmente, sino que tomó elementos de aquella religión y los unió con las viejas creencias satánicas de los jázaros. El rey Bulan y su gente vivieron un periodo de prosperidad. Sus prácticas rituales no cambiaron mucho, excepto que para los extranjeros se llamaban a sí mismos judíos. Pero, en realidad, no lo eran. El término judío, en realidad, no fue inventado hasta el siglo XVIII.

Pasaron cuatro siglos, hasta que en el año 965, d.C, el mandatario ruso, el gran príncipe de Kiev, Sviatoslav I, consideró que sus vecinos jázaros habían ido demasiado lejos con su continua devoción al demonio y sacrificios infantiles. Decidió, por ello, desterrarlos. Pero, los jázaros tenían espías en todas partes, y el astuto plan ruso llegó a los oídos del rey jazarí, quien decidió exilarse antes, junto con sus veinticinco esposas y sesenta concubinas. Le siguió toda la nobleza. Se llevó también una inmensa cantidad de oro y plata.

El éxodo de los jázaros transcurrió por Hungría, Polonia, Alemania, Francia y España. Durante este periplo se hacían llamar azkenazis, para que en sus nuevos países de residencia no los identificaran con sus viejas prácticas.

Como todas las religiones de esa época, la de los ashkenazis también fue nombrada en relación a los descendientes de Noé. Ellos se decían descendientes de Jafeth, tercer hijo de Noé. Jafeth tuvo siete hijos. El mayor, Gomer, tuvo tres: Azkenaz, Rofath y Togarma. Según la escritura bíblica, Azkenaz y Togarma se convirtieron en enemigos. Los kázaros son descendientes de Kazar, uno de los diez hijos de Togarma. Curiosamente, al salir de Rusia y asentarse en otros países europeos, adoptaron el nombre del mayor enemigo de su abuelo, Azkenaz. Ahí fraguaron su gran plan, una venganza que llega hasta nuestros días.

Los azkenazis se asentaron en sus nuevas tierras y juraron reconstruir su imperio, lo que hicieron rápidamente. Eran la realeza descendiente de los antiguos linajes de Sumeria y Babilonia. Juraron vengarse de Rusia, el país del cual fueron expulsados. Su venganza también iba dirigida a los judíos, como gente originaria de Judea. Porque, atrás en el tiempo de la princesa Jezabel, durante una situación en la que las dos deidades fueron desafiadas, ellos escogieron a Jahué sobre Ba´al. Y esa fue su sentencia de muerte. Algo que los jázaros y azkenazis nunca olvidarían ni perdonarían.

En pocos años después de su dispersión por el centro y sur de Europa habían puesto en marcha un plan maestro, tan grande, tan inteligente, y tan malvado, que cambiaría el destino del mundo para siempre.

Familia Rothschild

Una de las familias jázaras eran los Rothschild. Se establecieron en Francfurt, Alemania, donde se hicieron ricos y poderosos debido al mercadeo y a la banca. Nombraron al sur de Alemania como Kanaz, en homenaje a sus antecesores. Ofrecían billetes a los comerciantes y viajeros que dejaban su oro guardados en las bóvedas de los Rothschild. ¿Les suena? Billetes de papel a cambio de lingotes de oro. Así recolectaron una riqueza sin precedentes que, combinada con el interés que recibían, con los años se utilizó para incrementar su fortuna y poder.

Mayer Amschel BAUER, hijo de un viejo prestamista, cambió su segundo apellido por Rothschids, en referencia al símbolo rojo que su padre, Moisés Amschel Bauer, colocó por encima de la puerta de entrada a su casa de cambio. Este signo es un hexagrama rojo (que se traduce geométricamente y numéricamente en el número 666), y que bajo la instrucción de Rothschild terminará en la bandera israelí, unos dos siglos después.

Antes, Mayer Amschel Rothschild tuvo cinco hijos, que extendieron el negocio familiar en cinco grandes ciudades: Francfurt, Londres, París, Viena y Nepal. En un santiamén, la familia se hizo con el poder financiero de toda Europa. Financiaron todo tipo de acciones políticas y bélicas, entre otras, hasta convertirse en los banqueros personales de los reyes y las reinas y en los tesoreros del Vaticano.

La línea de sangre más rica del mundo, sin excepción y el líder de los Judios Ashkenazi en el mundo de hoy es la familia Rothschild, que ha obtenido esta posición a través de la usura, mentiras, manipulación y la guerra.

Antes de relatar un evento histórico acaecido en el siglo XVIII que ha sido ocultado, volveremos a la Edad Media para descubrir el origen de quienes serán después aliados de los jázaros, justo, en ese acontecimiento que cambiaría la historia. Así las piezas de este rompecabezas encajarán perfectamente.

Los caballeros del Templo

Año 1048 d.C., se funda La Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, la Orden de Malta. Una rama de la Orden se encargaría de un hospital en Tierra Santa para atender a los peregrinos cristianos. Otra parte de la Orden era militar, al servicio de Roma, protegería a los cristianos de la población musulmana local. Aunque, los cristianos que iban a Tierra Santa eran pocos, dado que la población mayoritaria era musulmana.

Sin embargo, en 1096, se desata la primera guerra religiosa en Jerusalen. Se denominó la Primera Cruzada, y estuvo promovida por la Iglesia Católica Romana. Directamente, desde el Vaticano. Su objetivo era recuperar la Tierra Sagrada del reinado islámico. Este objetivo se consiguió tres años después. Godfrey de Bouillon y su hermano, Baldwin, líderes de aquellas primera Cruzada, se convirtieron en gobernantes de Jerusalen. Fueron batallas locas sustentadas en la muerte, la destrucción y la falsa conversión. Cerca de dos millones de personas murieron.

En 1118, un caballero francés, con el nombre de Hugues de Payens, fundó otra Orden militar llamada: Los Caballeros Pobres del Templo del Rey Salomón. Luego conocida como la Orden del Templo de los Caballeros que dió lugar a una sociedad secreta denominada como Priorato de Sión, que aún sigue vigente y activa hasta hoy.

Con el apoyo del rey de Jerusalén, los Caballeros Templarios establecieron su cuartel general en un templo sagrado en una montaña. Su objetivo oficial era prestar alojamiento a los peregrinos cristianos en su camino de Europa a Jerusalen. Sorprendentemente, nueve caballeros fueron oficialmente designados para proteger a los peregrinos europeos a lo largo de 45.000 kilómetros.

El objetivo no oficial de la Orden era reconstruir el Templo de Salomón, que había sido destruido el año 586 d.C, por Nabuco Donosor, rey de Babilonia.

En 1129, los Templarios recibieron el apoyo oficial de la Iglesia Católica Romana. Creció en abundancia, recibiendo donaciones de toda Europa. Los caballeros adoptaron un código de conducta, jurando obediencia plena a su maestro. Esta obediencia les volvió letales. La Orden llegó a tener más de 20.000 miembros, de los cuales sólo un diez por ciento eran caballeros armados. El 90 por ciento eran encargados de logística y de la infraestructura.

Aún habiendo jurado vida de pobreza, eran dueños de grandes porciones de tierra, viñedos y todo tipo de cultivos, inmuebles, rebaños, granjas, mulas, equipos agrícolas, la isla de Chipre, y una impresionante flota de embarcaciones. A lo largo de todo el trayecto desde Europa hasta Jerusalén tenían castillos, iglesias, universidades. Eran tan poderosos que no tenían que obedecer ninguna ley local, ni pagar impuestos. Sólo obedecían al Papa. Aún más, cualquier bien o propiedad subyugado de los musulmanes que asesinaban en su camino pasaba a ser propiedad de la Orden.

Inocente II, en el año 1139, a través del proclamo papal Omne Datus Optimum, les concedió oficialmente y por escrito todos estos privilegios. Todo a cambio de su obediencia.

La banca templaria

Los templarios tenían una red de bancos en distintos países a lo largo de toda Europa que permitía a los peregrinos depositar activos en sus países natales y retirar los fondos en Tierra Santa. De esta manera, en el siglo XIII, los templarios se habían convertido en los banqueros más competentes y confiables, hasta el punto que prestaban grandes sumas incluso a reyes y nobles. Se les colmó de fama, regalos y fortuna.

Sin embargo, a inicios del siglo XiV, los Templarios se encontraron con su destino final, el rey Felipe IV de Francia. Tras endeudarse con la Orden, ésta se negó a prestar más dinero al monarca llegado un momento, por lo que Felipe decidió expulsarlos de su territorio. El viernes, 13 de octubre de 1307, una gran cantidad de caballeros fueron arrestados, incluido el gran maestre, Jacques de Molay. Después de años de prisión, todos fueron quemados en la hoguera.

Antiguos documentos recogen que Molay, en la hoguera, lanzó una maldición contra el rey y el papa Clemente V, quién había fallado en protegerlos y les había traicionado disolviendo la Orden en el proclamo papal Vox in Excelsor, en 1312.

La transformación de la Orden

En contra del proclamo de Clemente V, la Orden templaria no se desarticuló, sino que se reorganizó a través de nuevas órdenes que supusieron la continuación de los templarios (Orden Militar de Cristo en Portugal, la Orden Suprema de Cristo en Italia, y así en cada país de Europa). Todas mantuvieron sus prácticas. Sólo cambiaron el nombre.

Entre estas órdenes, surgió la de los Rosacruces, fundada en 1407 por un aristócrata alemán (Christian Rosenkreuz). Su símbolo: una cruz con una rosa en su centro fue hallada en iglesias de toda Europa a lo largo de toda la Edad Media.

En 1534, en París, justo dos siglos y dos décadas después de la disolución de la OT, se fundó otra de estas órdenes secretas que ha llegado hasta nuestros días con un enorme poder, aunque mayor es su discreción. La Compañía de Jesús no era un grupo de monjes orando a Jesús encerrados en monasterios. Era una orden militar que juraba absoluta sumisión a su general superior y al Papa. En ese orden de prioridad. El juramento de los jesuitas es terrible.

Documentos de la Edad de Oro demuestran que la Orden Jesuita llegó a ser un grupo muy poderoso, con influencias en todo los ámbitos de la existencia. Lograron infiltrarse en las antiguas logias masónicas. Los masones eran maestros comerciantes con habilidades manuales en el área de la construcción. Trabajaban con sus manos. REalizaban trabajos físicos, pesados. Y a los jesuitas infiltrados se les permitió unirse gracias a sus conocimientos y contribuciones en el área de la arquitectura, la ciencia y las artes. Y porque eran adinerados. Fueron llamados los masones libres y aceptados. Se sabía que estaban especialmente interesados en el templo de Salomón, al igual que los Templarios. Y estaban enfocados en la conservación del conocimiento esotérico, por ejemplo, en la Cábala.

Actualmente, los caballeros templarios del rito de York conforman la orden militar de los masones libres.

Los masones libres fueron un grupo secreto y muy poderoso de jesuitas que se infiltraron en incontables logias alrededor del mundo. Formaron su propia logia en 1717, la gran Logia de Inglaterra. Y esto resultó ser su salvación. Porque, al igual que ocurriera con los templarios, la Compañía de Jesús había alcanzado tanto poder que los más altos gobernantes europeos empezaron a sentirse amenazados. Por ello la mayoría de los monarcas católicos los expulsaron de sus países y reclamaron del papa Clemente XIV que suprimiera la Orden. En 1773, el papa cede ante estas peticiones y promulga el proclamo «Dominus ac Redemptor».

El rey Carlos III de España, los había expulsado de sus dominios en 1767. Luis XV de Francia, en 1762; y el rey de Nápoles, hijo de Carlos III; además del rey de Portugal, de donde habían sido expulsados en 1759.

La historia se repetía y, nuevamente, a pesar del proclamo papal, la orden no desapareció. Volvió a cambiar de nombre y se mantuvo viva a través de la Orden de los Freemasons (Masones Libres).

Un año después de su traición a los jesuitas, el papa Clemente XIV murió por envenenamiento.

Al igual que los jázaros o azkenazis, los jesuitas y sus predecesores, los templarios, siempre han manifestado un gusto especial por la venganza. Esa tendencia va a unir sus destinos en un evento provocado en el siglo XVIII que cambiaría el rumbo de la Historia.

Continuará en el segundo capítulo del Documental: La caída del Cabal II, de Janet Ossebaard.

El texto aquí reproducido es un extracto del primer capítulo del mismo documental, que puedes escuchar completo en el siguiente enlace:

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